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Este último bloque de anuncios, está
formado por spots que podríamos llamar de tipo positivo,
por la forma en que se refieren a la conciliación entre vida
laboral y familiar. Los dos primeros corresponden a dos campañas
institucionales para impulsar el reparto de las tareas domésticas.
En el del Institut Català de la Dona, vemos a un personaje
masculino compaginando su profesión de arquitecto con su
faceta de amo de casa. El spot hace un recorrido por cada una de
las tareas domésticas que se llevan a cabo habitualmente
en una casa, desde la preparación del desayuno hasta la hora
de irse a la cama: limpieza, cuidado de los hijos e hijas, compra,
etc. son tareas recreadas en esta historia donde el personaje masculino
las compagina sin problemas con su trabajo fuera del hogar. Al final
del día, el personaje-madre llega a casa y se encuentra con
la cena lista. La situación es de total felicidad. A continuación
aparece un texto que nos aclara que esto es una ficción y
que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
De esto modo se resalta que la realidad está muy alejada
de este modelo y se pone en evidencia la discriminación en
el trato y reparto de tareas de cuidado. El hecho de llevar al extremo
la parodia del personaje masculino hace inevitablemente que nos
preguntemos precisamente por qué es sólo ficción
y no algo real. En este sentido, éste es un anuncio positivo
pues incita a la reflexión sobre el reparto de la gestión
doméstica.
El del Instituto de la Mujer, perteneciente a la
campaña por la igualdad en las tareas domésticas,
sucede algo similar. Sin embargo, en este spot no se muestra expresamente
en qué consisten las tareas del hogar y cómo se compaginan
con una profesión fuera de éste, sino que se incide
únicamente en la limpieza. Para ello, se recrea una situación
donde un personaje masculino limpia esmeradamente su coche, jugando
con la idea de que se trata de un espacio muy masculinizado en contraposición
al doméstico, muy feminizado. Una vez que el personaje ha
terminado la limpieza, una voz en off le pregunta: Está
claro. Sabes limpiar. ¿Por qué no lo haces en casa?
De este modo se pretende conseguir que, como espectadores y espectadoras,
nos hagamos la misma pregunta. El anuncio pretende también
desmitificar el tópico de que los hombres no saben hacer
las tareas domésticas por motivos culturales y que se responsabilicen
de una vez de algo que sí demuestran saber hacer cuando a
ellos les interesa.
El último anuncio es una muestra de cómo
la publicidad puede contribuir a un cambio de valores. Se trata
de un anuncio de trabajo de la compañía aérea
Easy Jet para reclutar azafatas. Pero la forma como
se hace es totalmente diferente de los clásicos anuncios
de este tipo. De entrada nos encontramos con la pregunta:
¿Yo, una azafata? Pero si soy...
demasiado mayor;
una abuela;
no tengo la talla 10;
no soy lo suficientemente glamurosa;
y nos pide que marquemos la casilla correspondiente a nuestra situación.
A continuación figura el siguiente texto:
Volar ya no es lo mismo. Para empezar, ahora hay personal
de cabina y no azafatas de vuelo y mientras que
antes volar era un acontecimiento excepcional acompañado
de comida de plástico y enfermeras del aire, ahora es algo
mucho más natural, donde lo importante es la seguridad, la
comodidad y el servicio al cliente. Easy Jet también está
cambiando la percepción del personal de cabina. Somos diferentes
de muchas de las compañías tradicionales porque sabemos
que tener más de 35 años y una talla superior a la
10 no afecta a su habilidad para ser un miembro de la cabina eficiente....
Hay que remarcar la excepcionalidad de este anuncio,
y especialmente teniendo en cuenta los tópicos relacionados
con las azafatas: la edad, la apariencia, etc. En este sentido,
tiene un valor indiscutible porque es una puerta abierta a la coherencia
dentro del discurso publicitario y porque pone en evidencia de una
forma abrumadora lo alejados que están de la realidad la
mayoría de los anuncios de este tipo, que eluden la diversidad
social.
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