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En el primer anuncio de este bloque, el de AT&T,
se recurre a culpabilizar a la madre como pretexto para vender productos
de una empresa de telefonía. El producto se ofrece al personaje
de una madre que vive conflictivamente el trabajo fuera de casa
porque la obliga a desatender las necesidades de sus hijos e hijas.
La recriminación que recibe el personaje femenino es que
no atiende suficientemente a quienes son su responsabilidad. Esto
se refuerza con la demanda de la hija, que le pregunta: ¿Mamá,
cuándo seré yo tu principal cliente?; ante tal
cuestión, la madre cede y decide relegar el trabajo a un
segundo plano e irse a la playa con los niños/as. Es destacable
que esta representación conflictiva de una madre se asocie
a un hogar monoparental, añadiendo así un elemento
más para castigar al personaje, que no tendría derecho
a ser feliz en el marco de una familia sin la figura paterna. ¿Por
qué se recurre al juego de culpabilización del personaje
femenino? O dicho de otra manera, ¿hubiera sido posible hacer
lo mismo con un personaje masculino?
El anuncio de Nenuco es un ejemplo de cómo
se frustran las iniciativas de reparto de las tareas domésticas
en el seno de una pareja. La estrategia consiste en desautorizar
la competencia de los hombres en este terreno, recalcando que es
exclusivo de las mujeres y negando así la posibilidad de
un reparto equitativo de las cargas familiares. En esta historia
podemos ver cómo un personaje masculino se encarga del baño
diario de su hijo: lo lava, le pone crema hidratante y cuando le
va a poner colonia se encuentra con el envase vacío. El niño
empieza a llorar e incluso pronuncia algo parecido a un no.
La situación empieza a ser crítica, pero finalmente
aparece la madre con un frasco de colonia lleno. El padre demuestra
sentirse realmente en apuros y el niño sonríe ante
la aparición de su madre, dando a entender que ahora ya está
a salvo porque va a hacerse cargo de él quien es realmente
competente en eso. Así, aunque parece que el spot nos propone
una lectura aparentemente normalizada de la intervención
del hombre en unos espacios que hasta ahora habían sido exclusivos
de la mujer, en realidad no hace más que jugar con una impostura
en cuanto a la representación, pues es la mujer la que soluciona
el problema. De nuevo, la publicidad actúa como recordatorio
de que las mujeres son las únicas capaces de anticiparse
a los posibles problemas domésticos que puedan surgir, que
sólo ellas son las gestoras perfectas del hogar y las que
cuentan con la aprobación incondicional de aquellas personas
a quienes están destinadas a cuidar.
El anuncio de Fairy plantea en tono humorístico
el reparto de tareas domésticas. El personaje femenino llega
del trabajo y se encuentra con el marido muy agobiado por las cargas
familiares, aquí representadas por los hijos/as a los que
hay que acostar y por los platos sucios. Lo único que desea
es librarse de una situación que lo supera totalmente y a
la que es incapaz de hacer frente. Manda a la mujer a acostar a
los niños y se ocupa de la vajilla, en realidad con la única
finalidad de estar solo y hacer algo menos complicado. Esta vez
es el producto el que desautoriza el trabajo de lavar los platos:
es tan fácil con Fairy que en realidad se hace prácticamente
sin esfuerzo. Las tareas domésticas dejan de ser un problema
gracias a productos como éste y no a causa de un cambio de
mentalidades que posibilite el reparto equitativo de las tareas,
en una estrategia de contraprogramación respecto a los avances
conseguidos por las mujeres de cara no sólo a resolver de
forma distinta la gestión del cuidado de los demás
y en general de todo el campo de la gestión doméstica,
sino a pensarla de forma distinta.
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