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Este bloque incluye tres anuncios relacionados
con la limpieza del hogar.
Lo que nos interesa ahora es poner en evidencia de qué forma
los mensajes publicitarios infravaloran también, en una perversa
paradoja, el trabajo doméstico realizado por las mujeres,
- negando el esfuerzo y la dedicación que supone;
- dando un énfasis exagerado al producto, como si actuara
por sí solo;
- otorgando la palabra sobre la efectividad del producto a los técnicos,
anulando así el saber y la experiencia de las mujeres.
En los tres anuncios el papel de la figura masculina
cumple la misma función: derivar el valor del trabajo doméstico
hacia los productos que intervienen en él, curiosamente siempre
adjetivados en masculino.
En el caso de Fairy, se trata de dejar claro el
poder del detergente. Para ello se recrea una situación en
la que una pareja se reparte las tareas domésticas. El personaje
masculino está lavando los platos por obligación y,
con el fin de librarse de esa responsabilidad, se propone hacerlo
mal intencionadamente, actitud que de paso inculca a su hijo. Sin
embargo, el producto es tan eficaz que resulta imposible hacerlo
mal. De esta forma, centrando la actividad en el producto y eludiendo
la acción subyacente en él, se oculta el trabajo que
comporta, el cual es asociado a la exclusiva responsabilidad de
las mujeres.
Los otros dos spots, Calgon y Vitroclen, pretenden
conseguir lo mismo al equiparar a los personajes masculinos con
la validez técnica y científica. Ellos, o la voz en
off masculina, son en realidad los expertos que certifican la eficacia
de un producto, relegando a un segundo término la opinión
de las usuarias, verdaderas conocedoras de su utilidad.
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