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En este apartado, nos proponemos analizar diversos
spots que muestran este trabajo silenciado y enmascarado por la
falsa recompensa emocional que obtienen las mujeres en su realización.
Tratan tres tipos de situaciones: de alimentación, de limpieza
y de cuidado de los niños y niñas.
En el caso de los spots de alimentación, se presentan situaciones
en las que se muestran los beneficios de cada uno de los alimentos
que se propone consumir. En dichas historias, se define la situación
de consumo como una experiencia emocionalmente intensa y gratificante.
Así, el alimento no sólo es un elemento esencial del
proceso de crecimiento, sino que se prevé que el personaje
femenino que lo suministra, cumpliendo las funciones de madre o
esposa, consiga, como recompensa por el bienestar ofrecido a su
familia, un bienestar emocional extremadamente satisfactorio.
El anuncio de Gallina Blanca realizado en los años
sesenta expone de forma muy gráfica cómo debe ser
una buena ama de casa. La presentación la hace
un personaje masculino, que es el experto que enumera
las cualidades y que personifica al mismo tiempo la figura del marido.
Aparecen doña atareada, doña variedad, doña
administradora y doña calidad, cada una de ellas representada
por un personaje femenino que desempeña diferentes tareas.
La frase final (seguro que usted reúne características
de cada una de estas cuatro mujeres) define el ideal de perfecta
ama de casa. La recreación del arquetipo de ama de casa en
este spot es muy explícita. Además, deja claro qué
tipo de compensación se obtiene por este trabajo: el orgullo
que siente el marido por la comida bien hecha y la satisfacción
de ella por haber cumplido correctamente su función, es decir,
por haber realizado bien su trabajo. Ésta sigue siendo la
filosofía de la mayoría de los anuncios de productos
alimenticios en la actualidad, como se puede observar en los de
Pescanova y Yogures Pascual. El escenario es siempre el ámbito
doméstico, y los personajes asociados a las bondades de los
productos son siempre femeninos, dejando claro que su espacio es
el hogar y su función como mujeres es servir a los demás,
que en el primer anuncio eran los maridos y en los dos siguientes
los hijos e hijas. La recompensa que obtienen los personajes femeninos
es el crecimiento adecuado de sus hijos-as y el bienestar de la
familia, provocando una sensación de felicidad que es, en
realidad, la verdadera retribución de este trabajo. Habitualmente,
además, se produce una indisociable relación entre
las características de los productos de limpieza y sus virtudes
y las de los personajes que los representan, como los expertos profesionales,
mayoritariamente masculinos.
Podemos observar una serie de características
comunes. En primer lugar, siempre se presentan como soluciones muy
eficaces frente al desorden que conlleva la suciedad, considerando
que la reinstauración del orden es responsabilidad exclusiva
de las mujeres. Por este motivo, los productos de limpieza acostumbran
a anunciarse como nuestros grandes aliados. Otro elemento constante
es que siempre se niega el esfuerzo que suponen las tareas de limpieza.
Así ocurre en los anuncios de Wipp y Skip. El problema de
partida es que los niños-as se ensucian. La solución
a la suciedad recae en el detergente, negando así la dedicación
que implica esta tarea y que desde la publicidad sólo se
exige a las mujeres, pues se da por sentado que la limpieza nos
incumbe sólo a nosotras. El anuncio de Wipp, además,
recrea una genealogía femenina (abuela-madre-hija) en la
que se transmite, de generación en generación, el
saber relacionado con la limpieza así como la exclusiva responsabilidad
de las mujeres al respecto.
La recompensa vuelve a ser la misma: el rédito emocional
positivo por saber que se es una buena madre, capaz de combinar
la lucha contra la suciedad con el desarrollo creativo de los hijos
e hijas, como plantea el anuncio de Skip. Desarrollo también
atentamente vigilado por la mirada de esos personajes inclinados
al cuidado.
En la publicidad, parece que las cosas se hacen
solas: la ropa aparece limpia, la comida está servida y los
niños y niñas sólo se alimentan de yogures
y galletas. Junto con la compensación emocional, esta estrategia
de negación del trabajo doméstico funciona como coartada
que sostiene argumentativamente, y al parecer de forma incuestionada,
el rol de ama de casa como un no-trabajo. Finalmente, otro de los
ámbitos que la publicidad propone como exclusiva responsabilidad
femenina es el del cuidado de los niños y niñas. En
este caso, los mensajes insisten en recalcar las necesidades infantiles
y en ofrecer como solución los productos adquiridos por los
personajes femeninos. Así, este servicio a los demás,
al igual que en los anuncios de alimentación, no sólo
aportará la solución a los problemas planteados, sino
que nos reportará una gratificación emocional. Esto
es evidente en el spot de Nutribén, donde la madre hace la
mejor elección en beneficio del bienestar del hijo.
Un caso diferente es el de Chicco, que representa
el cuidado de los hijos e hijas como un juego, negando totalmente
la carga y la responsabilidad que supone. Por otro lado, esta puesta
en escena nos remite a los juegos de muñecas, campo de aprendizaje
de la función de madres.
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