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Un mismo producto anunciado de forma diferente
según se dirija a hombres o a mujeres da cuenta de la insistencia
de la publicidad en seguirnos representando en función de
la tradicional división de género. De forma anacrónica,
a ellos se les identifica siempre con ocupaciones retribuidas, y
a ellas con el trabajo reproductivo no remunerado, el cuidado del
cuerpo y el servicio de los demás.
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