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En estos anuncios, la presión sobre el cuerpo
tiene lugar en dos planos: por un lado, equiparando las cualidades
profesionales y el físico adecuado; por otro, negando el
cansancio provocado por el trabajo, que debe ser borrado
también mediante los productos adecuados.
En el primero, la crema tiene la capacidad de mitigar
el efecto del paso del tiempo y del cansancio. La finalidad, en
último término, es satisfacer las expectativas de
los otros, que consisten en ser deseables. Tener tal capacidad,
en el caso de las mujeres, constituye un valor equiparable o superior,
en términos de discurso publicitario, a las competencias
profesionales. En el primer spot, ella es presentadora de televisión
y tiene que aparecer impoluta, sin señales a los ojos de
los demás. El producto de belleza se ofrece como garante
de que su imagen se proyecte satisfactoriamente y su profesionalidad
quede garantizada. Con el fin de reforzar esta idea, se muestra
a un personaje masculino que la observa a través del televisor,
quien además certifica que cuando ella llega a casa, su aspecto
se ha mantenido inalterable a lo largo de todo el día y sigue
resultando atractiva. De este modo, el personaje masculino es quien
corrobora la eficacia del producto. Esta estrategia es una constante
en los anuncios de cosméticos. Si nos fijamos en los tres
siguientes, la figura masculina es la que tiene la última
palabra, la que da validez a la eficacia de un producto, porque
pone en circulación el deseo masculino, obligación
que se nos supone a las mujeres, sea cual sea nuestra ocupación.
Steradent insiste asimismo en poner al mismo nivel
la profesionalidad de las mujeres y su físico. La protagonista,
que trabaja de cara al público, tiene la obligación
de dar una imagen perfecta, cosa que, dada su edad avanzada,
constituye un problema. La comparación con la mujer joven,
la mirada masculina y el comentario final (ahora sí
que me siento segura) subrayan que lo realmente importante
para las mujeres no es la experiencia ni la profesionalidad sino
la apariencia física, y certifican la eficacia del producto
blanqueador de dentaduras.
En el spot de Margaret Astor se anuncia un reparador,
cuyo objetivo es hacer que no se note el cansancio provocado por
la actividad profesional. El personaje femenino llega a casa y se
encuentra un mensaje de alguien (supuestamente su pareja) que la
espera en un bar. El producto Margaret Astor le permite acudir a
la cita porque gracias a la regeneración que se deriva de
él, puede seguir siendo deseable a los ojos del personaje
masculino.
La obligación de satisfacer el deseo masculino
se traduce en una problematización del cuerpo. Al ser informada
de la presencia de Pablo, la protagonista del anuncio de Sunsilk
se da cuenta de que su pelo tiene grasa y de que no puede mostrarse
así ante el chico porque podría decepcionarle. Este
tipo de mensajes funcionan apelando a la exigencia promovida por
la cultura patriarcal de estar siempre deseables y ponen a la audiencia
en estado de alerta permanente sobre el aspecto del cuerpo, incluso
en situaciones de relax, cuando tendríamos que estar a salvo
de las presiones del exterior.
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