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En publicidad resulta difícil, como hemos
dicho anteriormente, ver a personajes femeninos realizando un trabajo
productivo remunerado. Mientras que a los personajes masculinos
se les presupone automáticamente una actividad profesional
más o menos definida, en el caso de las mujeres hay que hacer
referencia explícita a esta actividad porque su presencia
no la denota por sí sola. Los personajes femeninos son muy
indefinidos en términos profesionales; de hecho, cuando aparece
una mujer anunciando un producto, la mayoría de las veces
no le podemos atribuir ninguna actividad profesional concreta fuera
del trabajo reproductivo, de limpieza y cuidado domésticos.
En el anuncio de Avecrem Dúo, por ejemplo, no hay ningún
rasgo, ningún elemento, que nos ayude a saber qué
hace la protagonista. Por otro lado, mientras que los personajes
masculinos aparecen ejerciendo una amplia gama de ocupaciones, en
el caso de los femeninos esta variedad se uniformiza. Y no sólo
eso, sino que cuando se muestran mujeres con profesiones bien definidas,
éstas suelen ser subsidiarias o auxiliares, y por tanto infravaloradas,
como enfermera, cajera, telefonista, maestra, diseñadora,
esteticista o modelo, tal como se refleja en esta selección
de anuncios. Contrariamente a lo que sucede con las profesiones
asociadas a los hombres, en este caso no poseen el estatus social
que se deriva de aquéllas y por tanto a menudo son objeto
de parodia, descalificando su competencia profesional y llevando
el arquetipo hacia los argumentos que consideran que el trabajo
productivo remunerado es antinatural en lo que respecta a la esencia
femenina. Una cajera o una telefonista no es lo mismo que un informático.
Además, se trata de profesiones auxiliares, al servicio
de los técnicos, los científicos, etc. Es el
caso de las enfermeras, de las secretarias, etc. Esta dualidad queda
reflejada en los anuncios donde ellos y ellas comparten un mismo
espacio. Por ejemplo, en el de Lipfinity de Max Factor aparecen
un maquillador y una modelo. A él se le da una importancia
en términos profesionales, que se indica con el nombre, la
categoría profesional y su actividad en una película.
De ella, en cambio, no se ofrece ninguna información de este
tipo; cumple sólo la función de modelo sobre la que
el maquillador realiza su trabajo.
Otro factor constante es la asociación de
la vocación y la capacidad profesional de las mujeres a determinados
elementos que, en el imaginario colectivo, se identifican con feminidad.
En el caso de ICO podemos llegar a la conclusión de que una
mujer que quiera fundar una empresa, siguiendo esta lógica,
se decantará por una floristería.
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