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La publicidad no suele hacer referencia al mundo
laboral de forma directa, reflejando la realidad, sino que deja
entrever de forma indirecta situaciones basadas en la división
tradicional de géneros, que asocia aptitudes, capacidades
y roles diferenciados para cada sexo.
Esta división sexuada del trabajo implica
que, a los personajes masculinos, se les presuponga siempre una
categoría profesional, aunque no se explicite de manera clara.
En cambio, sólo excepcionalmente se encontrarán personajes
femeninos definidos en términos profesionales, asociados
a una actividad productiva remunerada fuera del ámbito reproductivo
doméstico. En las situaciones donde se representan actividades
productivas de forma explícita, hay un predominio de personajes
masculinos como agentes productivos que se hace visible a través
de ocupaciones muy diversas. De este modo se da una trascendencia
profesional a los hombres que ayuda a reafirmar la creencia de que
ese espacio les pertenece por derecho propio.
Los personajes femeninos, por el contrario, son
representados de forma anquilosada y ahistórica, en situaciones
de subsidiariedad y consiguientemente con escasa trascendencia productiva.
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