|
En este apartado analizaremos, a partir de la promoción
de vehículos, cómo queda adscrito en el ámbito
publicitario no el grado, sino la calidad del acceso que tienen
las mujeres a la sociedad de consumo. Recordemos que esta calidad
de acceso está fuertemente condicionada por las posibilidades
que se desprenden del puesto de trabajo y del control que se tenga
sobre el dinero. De este modo, podremos definir qué nivel
de prestigio simboliza el coche para ambos géneros.
Reconocer que el coche es un símbolo de
prestigio para el género masculino no es un ejercicio demasiado
difícil de realizar, sobre todo si nos fijamos en la naturaleza
de las retóricas utilizadas de forma diferenciada en los
discursos publicitarios. Durante un tiempo, los anuncios de coches
se han dirigido casi única y exclusivamente a los hombres
y, para hacerlo, se han explotado actitudes y valores tales como
la agresividad, la pasión por la aventura, el llegar donde
nadie ha llegado, la originalidad, la distinción, la alta
ingeniería, la velocidad, el control, el buen gusto, e incluso
el reconocimiento de una buena compra, tal y como se ha expuesto
en el bloque anterior. Sin embargo, últimamente no resulta
extraño ver spots de coches que van dirigidos específicamente
a un público o consumidoras femeninas. Si comparamos unos
y otros, no nos será difícil constatar en qué
se diferencian las campañas publicitarias teniendo en cuenta
sus destinatarios.
Mientras que en el caso de los hombres, generalmente
el coche se vende con la única ambición de completar
su disfrute, con el fin de obtener placer para ellos mismos y en
la mayoría de las ocasiones para complementar su virilidad,
en lo que respecta a las mujeres, los coches se promocionan en muchos
casos apelando a su condición de complemento para mejorar
la realización de las obligaciones de carácter reproductivo.
Es decir, mientras que para el hombre el coche es un objeto de placer
y reconocimiento, para las mujeres es puramente funcional. Si nos
fijamos en los anuncios que se proponen, veremos que la mayoría
de situaciones recreadas, o los valores que éstos plantean,
no hacen referencia al uso del tiempo libre ni a la propuesta de
comprar un coche para sentirse auténticas o responsables
de la decisión que se ha tomado.
En el primer anuncio, el escenario donde dos mujeres
se encuentran y celebran haber adquirido un coche nuevo es la puerta
de un supermercado. En el segundo, se apela a la seguridad que puede
proporcionar un coche, aunque sea pequeño, comparándolo,
metafóricamente, con la figura recurrente de una madre con
su hijo. En el tercer anuncio, se presentan una serie de modelos
de coche bajo el título de 10 coches para la mujer.
En casi todos, lo que se promociona con mayor insistencia es su
comodidad y fácil manejo, es decir, se trata de coches pensados
para realizar con modernidad las tareas que las mujeres realizan
como perpetuación de sus competencias domésticas fuera
del hogar: ir a comprar, llevar los niños-as al colegio...
Muy excepcionalmente para huir, para ser una misma... Y a través
de esta funcionalidad se define la enunciación sexuada.
Decíamos que, para el hombre, la adquisición de un
coche es símbolo de prestigio, pues se presupone que lo compra
para sí mismo, para disfrutar, y que dispone del capital
suficiente para comprarlo. Para la mujer, este concepto de prestigio
o éxito social derivado del control que tenga sobre su dinero
va ligado a una serie de condicionantes que ponen en duda y reducen
el valor social, de reconocimiento y de prestigio que supone el
hecho de tener un coche propio. Nunca significará el mismo
éxito ni el mismo reconocimiento simbólico. Para reforzar
esta afirmación, proponemos seguir con el análisis
de estos anuncios a partir de su evolución narrativa.
La primera frase del primer anuncio, Por
fin has conseguido que tu marido te compre el coche, es determinante
en sí misma, pues insiste una vez más en la dependencia
económica del personaje femenino. No es ella quien compra
el coche, sino que se lo compran, y sólo a partir de la capacidad
de compra del marido se accede a este espacio de consumo, adquiriendo
así cierto prestigio. Obvia decir que su marido accede a
la compra del coche, no para su placer sino por necesidad familiar,
que se entiende como la perpetuación de sus obligaciones
domésticas.
El segundo spot resulta un poco más generoso,
pues se podría suponer que es ella misma quien elige y compra
su coche. Sin embargo, su elección siempre subraya su condición
de madre o de persona al servicio de los demás. Fijémonos
en que cuando la protagonista nos interpela y nos pide un
cambio de chip para convencernos de que un coche pequeño
es ágil y seguro, los escenarios de fondo son la moderna
cocina de una casa con ella sentada con su hijo en brazos, y luego
el coche circulando por un fondo tapizado con un mapa de las calles
de una ciudad. Del coche se desprenden agilidad y aptitud, valores
que contrastan, al tratarse de una mujer, con la virtud femenina
de la protección como sólo una madre sabe serlo.
En el tercer anuncio, interesa analizar el uso
sexista del lenguaje. Ya hemos mencionado antes que las palabras
urbano-funcional se repetían a menudo, pero hay
otras que matizan ese concepto de prestigio o grado de inclusión
en la sociedad de consumo. En este anuncio, llegamos a la conclusión
de que ya no se trata sólo de acceder al reconocimiento social
en función de la capacidad de servicio que ofrece. Este concepto
queda superado al relacionar la compra de un coche con el cuerpo
femenino. Expresiones como el coche tiene un toque femenino
se entienden, por la propia explicación que se da del artículo,
como que tiene formas suaves y redondeadas, que es versátil,
o que es coqueto. Estos adjetivos atribuidos a los coches, que,
según el artículo, se dirigen explícitamente
a las mujeres, añaden otro valor asociado al reconocimiento
social femenino: gustar a los demás. En este caso, la publicidad
repite el discurso que también aplica a los cuerpos de las
mujeres. De todo ello se deduce que la mujer, al comprar un buen
coche, puede satisfacer a los demás ya que ha escogido un
objeto que sirve tanto a una funcionalidad práctica (comprar
o llevar los niños-as al colegio) como al placer visual (formas
suaves y coquetas). Por lo tanto, el reconocimiento o prestigio
de los personajes femeninos recreados en este tipo de spots nunca
logra desprenderlos de su rol tradicional para con la sociedad:
servir y gustar.
|