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En los siguientes ejemplos examinaremos cómo
la publicidad sigue asociando, en el plano imaginario, la figura
del hombre a la persona que controla el saber concerniente a lo
económico. Por este motivo, en las promociones de tipo financiero,
o en los anuncios donde se plantea si es necesario o no adquirir
un producto de alto coste, los protagonistas y las puestas en escena,
normalmente sobrias aunque sofisticadas, hacen referencia al universo
de lo masculino.
El primer spot resulta muy significativo para analizar
esta legitimación, pues de él se desprende no sólo
que el control del dinero compete exclusivamente al hombre, sino
que su gestión es hábil y está justificada
por la historia, al tiempo que se le atribuye cierta creatividad.
En el anuncio, se publicita un coche moderno y actual, el Hyunday
Accent. Comparando las ventajas que conlleva su compra con la curiosa
adquisición de objetos preciosos que en el pasado se adquirieron
a precio de ganga pero que hoy son objetos de culto, la retórica
del spot justifica el expolio como generador de riqueza, como es
el caso de un diamante que se cambió por un rebaño
de ovejas, o de un Van Gogh que se intercambió por un plato
de comida. En ningún momento, se hace referencia a estas
adquisiciones como absurdas o disparatadas. Al contrario, tales
compras se mencionan aprobando el buen hacer de los hombres como
universales. Por supuesto en el anuncio sólo aparecen figuras
masculinas, acompañadas por una voz en off también
masculina, con lo que el coche promocionado queda exclusivamente
adscrito a una expansión del poder masculino. De este anuncio
lo más importante no es creernos que sólo los hombres
disponen del capital suficiente para adquirir ciertos productos,
sino que su habilidad para la gestión de los recursos debe
también atender a la propuesta de este nuevo producto.
El anuncio que promociona la secadora Bru insiste
en el poder de decisión que se le ha atribuido al hombre
históricamente. Aunque el producto en cuestión no
sea un coche (símbolo de prestigio masculino) sino un objeto
supuestamente destinado al ámbito de gestión femenino,
la decisión última sobre si su compra es o no necesaria
se desplaza hacia el personaje masculino, otorgándole la
capacidad de decidir sobre la calidad de la vida familiar, pues
se muestra generoso, y haciendo el esfuerzo de ponerse en el lugar
correcto para entender la necesidad de comprar una secadora. Mientras,
su mujer sonríe ante la decisión tomada, y la recibe
como un regalo que agradece sumamente.
Pero aún hoy en día la publicidad
sigue representando la hegemonía masculina en la economía
familiar, desautorizando y subestimando implícitamente, por
una parte, la capacidad y los derechos económicos de las
mujeres, y, por otra, su derecho en la gestión económica
de forma partidaria. Es el hombre, el marido o el padre quien lleva
el dinero a casa y el que ejerce el control sobre éste. El
anuncio de la tarjeta de pago fácil de Caja Madrid así
lo demuestra. Las dudas que la niña protagonista expresa
ante su deseo de tener un oso nuevo por Navidades legitiman la decisión
que debe tomar su padre a la hora de concederle un deseo. Del spot
se desprende que esta decisión no es compartida y tampoco
es expresada en voz alta. La última o única decisión
sobre el tema la debe tomar, y la tomará, el padre, dependiendo
del estado de su cuenta corriente. Una vez más se presupone
que la madre de la niña (aparte de trabajar en casa) no trabaja,
y que, por lo tanto, no tiene la capacidad o autoridad para satisfacer
deseos de consumo no necesarios.
Pero incluso los anuncios que se atreven a proponer
situaciones cotidianas en que la mujer tiene un trabajo remunerado,
y que pretenden subvertir los arquetipos dominantes, incurren en
seguir nombrando el territorio del dinero en masculino y el trabajo
remunerado de la mujer como subsidiario. El anuncio que promociona
el Ministerio de Trabajo, planteado según el punto de vista
de un niño, nos va presentando a los progenitores de éste
ateniéndose al papel que desempeñan en relación
a la vida laboral y las ventajas que les supone el nacimiento del
hijo. Así, su madre está contenta porque gracias a
la buena gestión del Ministerio no ha tenido problemas a
la hora de conseguir la baja por maternidad. Su padre, en cambio,
se muestra satisfecho porque, al ser una familia numerosa, no debe
pagar tanto a Hacienda. No es que este anuncio insista solamente
en recordar el papel incondicional de madre que desempeña
toda mujer, sino que subraya sobre todo que el cabeza de familia,
por muchas tareas o compromisos compartidos que se tengan, es el
hombre. Él es el encargado y el beneficiario de la economía
de la casa, ya que es a quien Hacienda desgrava. Por lo tanto, a
pesar de que ahora a la mujer se le permita trabajar
fuera de casa, el anuncio se encarga de establecer la continuidad
de su rol en cuanto a sus competencias familiares para que el orden
familiar, al que nos referíamos en el apartado anterior,
siga funcionando, mientras que indiscutiblemente el cabeza de familia,
y sobre quien recaen las responsabilidades y beneficios económicos,
es el padre.
De esta idea se desprende que el trabajo de las
mujeres sigue entendiéndose como un complemento al sueldo
del marido, es decir, como un aporte suplementario a la economía
familiar. El anuncio de Man Power, empresa de trabajo temporal,
nos ayuda a ratificar tal idea, y no consideramos arbitrario el
hecho de que se haya escogido la imagen de una mujer para representarla.
Lo que comporta la idea de trabajo temporal refuerza la forma como
se entiende el trabajo de las mujeres y su remuneración.
Así, en el discurso publicitario se insiste en seguir considerando
su salario como suplemento de la economía familiar. Por tanto,
el trabajo temporal representa el trabajo ideal para ellas ya que,
negando su coste profesional, se insiste en las ventajas de su movilidad
para cumplir con su supuesta función natural como reproductoras
y cuidadoras.
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