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Tal como hemos visto, se nos excluye de muchas propuestas de consumo, sin embargo hay una franja importantísima de publicidad que nos considera unas consumidoras privilegiadas. En los siguientes anuncios proponemos analizar las diversas formas de representación construidas por la publicidad, unas formas que acaban constituyendo un modelo de feminidad que no sólo incluye la competencia sobre la gestión del escenario doméstico sino, implícitamente, la exclusiva responsabilidad sobre éste. Una propuesta de consumo, pues, justificado siempre a partir de la indiscutible obligación y / o responsabilidad de servir o cuidar a los otros, nunca de la autosatisfacción.

Uno de los aspectos más significativos de la publicidad es la forma como se plantea la difusión de los alimentos y desde donde se presenta la persuasión para su consumo. Hay que tener en cuenta a quién se dirigen los spots para que compren los productos alimentarios y qué justificación se subraya en cada caso.

Los spots seleccionados presentan diferentes situaciones o historias en las que se muestran los beneficios de cada uno de los alimentos que se propone consumir. En dichas historias se define la situación de consumo como una experiencia emocionalmente intensa y gratificante. Así, el alimento no sólo es un elemento esencial del proceso de crecimiento, sino que se prevé que el personaje femenino –madre o esposa– que lo suministra consiga, como recompensa por el bienestar ofrecido a los suyos, un bienestar sentimental extremadamente satisfactorio. También vemos diferentes formas de calificar las ventajas de los alimentos según a quién se dirijan.

En cuanto a los anuncios que publicitan productos de limpieza observamos una serie de características similares. En primer lugar, siempre se presentan como soluciones muy eficaces frente al desorden que supone la suciedad, considerando que la vuelta al orden es responsabilidad exclusiva de las mujeres. Por este motivo, los productos de limpieza acostumbran a anunciarse como los grandes aliados de los personajes femeninos.
Según la retórica del discurso publicitario, el detergente se masculiniza en sus atributos: tiene potencia, actúa eficazmente, es implacable... De esta forma se presenta casi como un ejército para poner orden a la limpieza realizada por las mujeres. Esta masculinización del producto se ve reforzada por la presencia de una voz masculina en off que habla por boca del fabricante y que a veces se materializa en la figura del técnico o en la voz dada al propio producto, que certifica sus cualidades. Este subrayado de los criterios científicos asociados a las virtudes técnicas del producto justifica la presencia, por cuestiones de representación de los diferentes roles según el género (científico = hombre), del personaje masculino, que insiste y certifica la eficacia del producto. De esta forma, el personaje femenino queda enunciado desprovisto del saber científico sobre el trabajo reproductivo y de atención, por lo que acaba otorgándole autoridad al personaje poseedor del conocimiento, normalmente masculino.

Otro aspecto destacable es el referido al espacio escogido para ubicar la acción, que mayoritariamente transcurre en el ámbito doméstico. Sin embargo, y de manera excepcional, cuando el personaje responsable o conductor de la limpieza es un personaje masculino, el espacio cambia: la cocina de un restaurante, una pista de atletismo, un concurso de paellas al aire libre... lugares de ocio o cultura.

Finalmente, otro de los ámbitos que la publicidad propone como de exclusiva responsabilidad femenina, es el del cuidado de los niños y niñas. En este caso, los mensajes insisten en señalar las necesidades infantiles, y en ofrecer, como solución a estas carencias, los productos adquiridos por los personajes femeninos. De esta forma, igual que en los anuncios de alimentación, este servicio a los otros, no sólo permitirá la solución a los problemas planteados, sinó que les aportará gratificación emocional.

Ejercicio 2: Woolite y Neutrex
Ejercicio 3: Flor, Ariel y Wipp


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