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Paralelamente a la presión constante para que compremos,
la publicidad ejerce una presión continua sobre nuestro
inconsciente utilizando una gama muy reducida de tipologías
humanas en las que predominan los cuerpos jóvenes,
altos y delgados hasta el extremo. En la persistente difusión
de este modelo, totalmente alejado del patrón común,
reside la causa de muchos trastornos que afectan a chicas
y también a chicos, que llegan a interiorizar el canon
publicitado como ideal de belleza indiscutible. Además
de exhibir cuerpos perfectos, los spots recomiendan
una amplia gama de productos destinados a conseguir ese cuerpo
ideal. En la mayoría de los casos se dirigen a mujeres
jóvenes a quienes se incita a comprar todo tipo de
productos con el fin de que presenten siempre una imagen magnífica
a los demás, despierten el deseo como única
muestra de su personalidad, sus características físicas.
Aunque, como decimos, la mayor parte de los productos de belleza
o de cuidado del cuerpo están destinados a las mujeres,
también existen anuncios dirigidos a los hombres. En
este caso, las connotaciones de la puesta en escena de muchos
de ellos nos aportan datos significativos sobre la discriminación
sexista del discurso publicitario.
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