:: Inicio > Recursos didácticos > Juventud > Ejercicios: la imposición de los modelos

 

 


Una de las características de la publicidad es la apelación a los consumidores y consumidoras a partir de los personajes que conducen el relato sobre el producto, es decir, los personajes que se dirigen a nosotros desde el campo de la imagen. A veces la interpelación no se hace directamente o solamente de ese modo, sino que la voz en off define el tipo de público al que se quiere convencer de las virtudes del producto.
A partir de esta definición —a menudo basada en arquetipos, es decir, es más esquemática que compleja— y de los elementos visuales y sonoros presentes en cada spot, podemos deducir cuáles son las expectativas de los anunciantes respecto a su público potencial. Por este motivo proponemos como punto de partida plantear la siguiente pregunta:
¿Cómo se imaginan los/las publicistas a las personas a quienes se dirigen los productos? ¿Qué imagen tienen del consumidor o consumidora a quien se dirigen?
El llamado “público objetivo”, término utilizado en el ámbito profesional de la publicidad para designar al segmento de población a quien va destinado el mensaje publicitario, aparece indicado en la propia enunciación de cada anuncio mediante los personajes que aparecen en el mismo. A través de ellos el enunciante pretende crear la identificación con los consumidores y consumidoras. Pero ésta es sólo una parte del juego comunicativo. Mediante esta propuesta de identificación, los mensajes publicitarios están promoviendo también una remodelación de nuestras identidades, puesto que lo que se insinúa es: si consumes determinado producto serás como ellos (los personajes); o a la inversa: si te reconoces en ellos (los personajes) no puedes dejar de consumir lo que te proponemos. En esta dinámica es fácil olvidarse de la propia identidad e ir adoptando, inconscientemente, las características no sólo aparentes, sino también conductuales de los personajes. En virtud de este procedimiento se interiorizan la mayor parte de los modelos impuestos, especialmente los sexistas.
Los escenarios creados por la mayor parte de propuestas publicitarias no obedecen pues a un intento de reflejar o reproducir lo real, sino a un conjunto de estrategias para convencernos de que lo más deseable es consumir. De ahí que el mundo que se representa esté lleno de exclusiones. Por una parte, no se exhibe la diversidad humana, ni los conflictos, ni otros aspectos sociales problemáticos, aunque algunas campañas hayan utilizado el dolor y la desgracia de forma oportunista en sus mensajes. Por otra, como resultado de la necesidad comercial de diferenciar y clasificar a los públicos, en el universo publicitario se observa una división radical —mucho más contundente que en muchas situaciones reales— entre el mundo masculino y el femenino.
En los ejercicios que planteamos a continuación analizaremos diversos anuncios donde aparecen diversas demostraciones de las operaciones comentadas.

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