:: Inicio > Recursos didácticos > Infancia > La influencia de la publicidad en la población infantil

 

 

El interés que suscita en el ámbito pedagógico y formativo el tema de los medios de comunicación está en especial motivado por el hecho de su reconocida y, en el presente, indiscutida influencia sobre niños y adolescentes.

Tal influencia es de importancia y naturaleza diferente según las etapas evolutivas, el sector social y el entorno cultural. No se trata de una influencia que pueda considerarse directa, sino que se produce particularmente por medio de ciertas operaciones que implican una seducción visual y narrativa, dejando a la infancia en una posición de manifiesta indefensión. Además puede constatarse, tal como se irá comprobando en las muestras que acompañan a este material de trabajo, que este tipo de seducción se utiliza para difundir, en su inmensa mayoría, valores antagónicos al de la igualdad entre hombres y mujeres, que subrayan y celebran el dominio del más fuerte sobre el más débil, que discuten y banalizan la experiencia de la diversidad y de la diferencia, por lo cual sus efectos ideológicos resultan enormemente peligrosos. Se ha detectado esta influencia sobre todo en las formas de comportamiento más indirectas, es decir, en aquellas actitudes sintomáticas que se manifiestan después del consumo reiterado de unos mensajes que, por su naturaleza contraria a las tendencias pedagógicas suministradas por la escuela y a las propuestas lanzadas desde los núcleos familiares, se constituyen en factores de riesgo capaces de promover, dada su ya citada capacidad de seducción, alteraciones o modificaciones del imaginario infantil.

Una de las transformaciones más significativas constatadas últimamente se refiere a la expresión plástica de los niños y niñas, constituyéndose en uno de los ejemplos de esta transformación de su imaginario. Entre otras cosas ha podido observarse cómo el abanico de dibujos, mediante los cuales es representado el núcleo familiar, ha visto reducirse su diversidad e incrementarse, por el contrario, el número de referencias o de asociaciones con dibujos relacionados con personajes de series de televisión. Asimismo, se han detectado también cambios sustanciales en la capacidad de concentración necesaria para el aprendizaje, un aumento del deseo consumista y un estancamiento de la respuesta crítica a los avances contra el sexismo.

Podríamos considerar a los medios de comunicación como responsables absolutos de este tipo de involuciones, pero actuaríamos injustamente. Probablemente tales efectos e influencias puedan deberse al estado de indefensión que tanto los niños como las niñas padecen (por no hablar de la mayoría de personas adultas), un estado directamente relacionado con las propuestas del universo mediático debido al alto grado de analfabetismo audiovisual en el que, aunque parezca lo contrario, vivimos.

El lenguaje audiovisual sigue siendo un enigma, lleno todavía de secretos, cuya opacidad le facilita la posibilidad de seguir influyendo en los comportamientos de manera descontrolada, desconociéndose normalmente los mecanismos que se ponen en juego.

Como parte del proceso de comunicación, la enunciación y la recepción son los dos espacios que más claves nos ofrecen sobre la naturaleza de los discursos y su contexto, tanto el de producción como el de emisión. La percepción supone, además, uno de los aspectos esenciales del proceso comunicativo, importantísimo y de gran complejidad, el que lo clausura, el que permite concretar aquello que se nos está ofreciendo, y es por este motivo por lo que nos planteamos este trabajo de reflexión desde la experiencia de la recepción. Es tal experiencia, pues, la que nos proponemos poner en cuestión para, a partir de ella, poder acceder a un análisis de la enunciación que conduzca a una reflexión sobre los mensajes y sus enunciados. Proponemos este proceso de indagación sobre la experiencia de recepción para así determinar unas buenas prácticas de lectura que permitan orientar el trabajo reconociendo de antemano, por otra parte, que la naturaleza de esta influencia, es decir, el recorrido que efectúa un mensaje a través de la conciencia de un niño o de una niña, nos resulta todavía enigmática, y que los diversos estudios que desde ámbitos como la psicología, la psiquiatría o la sociología de la educación se han realizado apuntan algunas aproximaciones al conocimiento de tal recorrido, pero sin llegar a certezas indiscutibles.

El objeto concreto de estudio que hemos escogido es la publicidad, dada la preeminencia de sus mensajes en el ámbito de las televisiones generalistas, públicas y privadas, de mayor consumo entre nuestra población infantil y juvenil. La publicidad está siendo considerada en estos momentos como uno de los espacios más privilegiados por los medios de comunicación, debido a su influencia en la economía, la estética y el imaginario. Si hablamos de su influencia económica constatamos que ésta se inscribe, en primer lugar, en el hecho de que la publicidad supone, por encima de cualquier otro, el elemento más importante de financiación de las demás y, por tanto, su influencia se extiende bastante más allá de sí misma. Según su reflejo en los denominados índices de audiencia, la publicidad premiará, con su presencia, determinados espacios televisivos en prensa o radio. De esta manera pasa a ser, pues, la publicidad quien garantiza finalmente la permanencia de determinados programas de televisión o bien su desaparición.

En el terreno de la influencia estética, es ya un hecho innegable que los mensajes publicitarios están especialmente interesados en dirigir sus propuestas en sintonía con un conjunto de valores y de pautas del gusto. Estos valores se construyen, como veremos en los materiales de trabajo, a partir de sumar significados y goces estéticos a otro tipo de valores asociados con la gratificación emocional, como pueda ser el beso que recibe una mujer que lucha contra el sobrepeso por medio del consumo de un tipo de cereales concreto, o la asociación entre determinados juegos de acción y de riesgo y la idea de diversión ilimitada para los niños... pero no para las niñas, etc.

En el orden de lo imaginario, la publicidad ha generado, entre otras cosas, un mundo en donde el dolor, la pérdida, el deterioro... ha dejado de existir. Lo que se muestra es siempre la crónica de un éxito, de superación del desorden, de conquistas, de confluencia de pasiones, de bienestar... evidentemente, todo ello garantizado por medio del consumo. Un consumo que reparte prebendas de bienestar y éxito según criterios de clase (coche grande o vehículo/carretilla del servicio de limpieza de un ayuntamiento), de sexo (coche grande o pequeño, papillas o vino con denominación de origen), de etnia (coche o helado o bebida colada), de edad (chocolate con leche o crema antiarrugas). Una incitación al consumo que nos identifica, que nos dice quiénes somos y qué es lo que debemos hacer en el mundo. Y que nos lo viene diciendo desde nuestra más tierna infancia.