::Inicio > Recursos didácticos > Ampas > La violencia > Ejemplo 1: Nike (El día después)

 

 

Este anuncio nos permite entender los cambios que se han producido en la estructura narrativa de los relatos actuales, tanto en el cine como en la televisión, y comprender el alcance de su influencia en el ámbito escolar. Cada día constatamos en las aulas cómo disminuyen las capacidades comprensivas y expresivas de los alumnos en relación al lenguaje escrito o hablado. Creemos que es debido al predominio de las imágenes en nuestra cultura, pero de hecho comprobamos que los alumnos/as tienen dificultades para entender el significado de imágenes que presentan cierta complejidad. La razón de esta situación se encuentra en el predominio creciente de lo espectacular por encima de cualquier forma de simbolización que exija un trabajo intelectual. Lo importante no es entender una historia sino tan sólo tener la sensación de que nos han contado una historia aunque no sepamos explicar su argumento.

El día después se articula como un relato que sugiere sensaciones sin necesidad de ir más allá. Las sensaciones no están provocadas por nada en concreto sobre lo que podamos reflexionar, sino que son sólo eso, puras sensaciones que no remiten a nada preciso donde situar su origen. Recibimos cómodamente tales sensaciones porque no necesitamos implicarnos en ellas.

Las sensaciones que nos provoca el anuncio giran en torno al día después, el primer día del nuevo milenio, que según las profecías anuncia el apocalipsis final. El objeto anunciado, sólo visible por su huella (la marca o logo que lo identifica), actúa irónicamente como salvaguarda de las posibles desgracias que puedan acaecer. Mediante la distancia irónica el spot puede utilizar impunemente el espectáculo de la violencia que se da en esos momentos apocalípticos al clausurar el relato con la banalidad de una marca de zapatillas. La fuerza seductora del anuncio reside en el contraste que establece entre la gravedad de los hechos, apuntados por intensas sensaciones visuales, y la solución que nos propone. Sonreímos al ver el desenlace, pero el objeto anunciado no pierde importancia sino todo lo contrario, recibe toda la fuerza de las sensaciones acumuladas a lo largo del relato.

El primer día del año es el día después de la gran fiesta que suponemos ha celebrado el protagonista del anuncio, un joven que se levanta cansinamente de la cama para coger un frasco de aspirinas que aparece en primer plano. El cartel colgado junto a la puerta, que la cámara encuadra unos instantes después de que el joven ha salido de la habitación, nos indica claramente con sus letras brillantes, Happy New Year, que el joven ha sobrevivido a los estragos de la gran juerga nocturna.

Desde el interior de la portería del inmueble y tomando como encuadre los cristales de la puerta, se enfoca al protagonista, que se apoya en un poste de la calle y luego hace ejercicios de calentamiento doblando las rodillas mientras un tanque circula de izquierda a derecha atravesando el fondo del plano. Este dia después va apareciendo como un terrible inicio del fin, anunciado por las profecías que vaticinaban el fin de los tiempos con el cambio de milenio.

La luz difusa del amanecer contrasta con las luces violentas de los semáforos que ribetean la imagen del joven corriendo por la calle, visto frontalmente y sin profundidad de campo. Vamos siguiendo su carrera alternativamente desde el interior de una tienda desierta donde se produce un chispazo y desde el exterior, repitiendo el encuadre frontal anterior, pero más cercano al protagonista. El desplazamiento del joven corriendo por la calle es seguido por la cámara con un travelling lateral que nos permite ver a algunas personas cogiendo dinero de los cajeros.

A partir de este momento la sensación de caos va en aumento. Coches y peatones cruzan la calle sin ningún orden; algunos tropiezan con los vehículos atravesados en mitad de la calzada que impiden la circulación. En primer término el joven sigue corriendo, sorprendido y extrañado, en medio del tráfico y la agitación de la gente, entre la policía que detiene a un joven y una chica que grita desde el interior de su coche. La carrera por las calles adquiere connotaciones de huida fuera de la ciudad, sumergida ya en el caos y la violencia.

Al llegar a la cima de un montículo desde donde se dibuja el perfil de los elevados edificios urbanos, el joven se detiene y se apoya en un coche para tomar aire y proseguir luego su camino. Han desaparecido los coches y los rostros de pánico de la gente. Estamos en una zona residencial donde los árboles y las casas se dibujan sobre un cielo plenamente iluminado. Aparece una jirafa por el fondo del plano tratando de escapar de quienes intentan atraparla con un lazo. ¿Se ha escapado de un zoo? No lo sabemos; vemos que corre por la calle y que aparece luego en primer término encuadrando la escena final del anuncio, donde se resuelve felizmente la extraña situación que hemos ido observando al seguir la carrera del joven protagonista. En la última escena el joven se cruza con un negro que corre en dirección opuesta. Se saludan con un cordial “buenos días” y entrechocando las manos; es la primera manifestación de amabilidad que hemos visto, con lo que se concluye que aún es posible encontrar una relación humana positiva. Después del saludo toman direcciones opuestas y en el espacio central del plano, sobre la tierra de un pequeño montículo, aparece el eslógan “Just do it” y el logo de Nike.

Este magnífico anuncio, sumamente atractativo por su intriga y por su capacidad evocadora de mundos y situaciones, es un claro ejemplo del tipo de publicidad que utiliza el modelo narrativo para desplegar su retórica persuasiva. Como estrategia publicitaria utiliza los mecanismos narrativos del suspense al demorar hasta el final el objeto publicitado, que se muestra a través del eslógan y el logo característico de la marca de zapatillas deportivas anunciadas. El hecho de que en ningún momento se nos muestren las zapatillas anunciadas demuestra que no se trata de convencernos de sus excelencias, sino de provocar una serie de sensaciones que permitan identificar el producto y diferenciarlo de otros similares.

La configuración de los planos y el tipo de montaje utilizado es una clara muestra del simulacro de narración al que nos referíamos en la introducción al destacar el tipo de lógica espectacular que preside la mayoría de construcciones audiovisuales actuales. El montaje rápido que cohesiona distintos momentos de la carrera del protagonista no pretende explicar nada —por qué corre o qué está ocurriendo en la calle—, sino tan sólo sugerir y evocar situaciones a partir de las sensaciones que pueden provocar las imágenes y que finalmente se condensarán en el objeto publicitado.


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