::Inicio > Recursos didácticos > Ampas > La violencia

 

 

La violencia en cuanto parte inherente a la naturaleza humana ha sido ofrecida como espectáculo desde los inicios del cine. El atractivo que puede ejercer su contemplación explica que haya sido uno de los temas más recurrentes en todas las artes, y muy particularmente en aquellas que conciernen a la mirada: la pintura, la escultura, el teatro, la fotografía, el cine y los medios audiovisuales actuales. Se pueden analizar las razones de tal atractivo desde distintos criterios, en función de la perspectiva psicológica que se adopte, pero todas las teorías confirman el placer que provoca la representación de la violencia como realización imaginaria de nuestros impulsos destructivos, placer situado en la raíz de los mecanismos de transmisión imaginaria de la cultura patriarcal.

Consideramos que el problema de la violencia en las imágenes actuales, tantas veces comentado, no reside tanto en el incremento de la cantidad de violencia que vehiculizan —hecho indudable y fácilmente constatable—, como en el tipo de representación que la transmite. Aludir a la representación significa tener en cuenta cómo se elaboran las imágenes en relación a sus vínculos con la realidad y en qué posición nos coloca como espectadores y espectadoras. Es un problema moral, si con este término entendemos que toda imagen supone un punto de vista y por tanto una posición determinada respecto a la realidad que quiera representarse. Pero muchas veces confundimos esta ética de la mirada con la verdad o falsedad de las imágenes en relación a los hechos mostrados. Suele ocurrir que valoramos éticamente las imágenes informativas que nos transmite la televisión, por ejemplo, según el grado de distorsión que nos ofrecen respecto a los hechos, pero el problema no reside en constatar el grado de veracidad de los contenidos sino en determinar cómo se representan, entendiendo que el contenido de las imágenes es el resultado de su propia presentación. No puede aislarse el contenido de la forma que lo vehiculiza, de los recursos y de las condiciones materiales que lo determinan.

El problema no es tanto el exceso de violencia en las imágenes actuales como el grado de confusion que se origina entre la realidad y las imágenes al eliminar cualquier distancia que indique la separación de los dos ámbitos. En la publicidad o en los informativos de televisión se ofrecen imágenes violentas como puro espectáculo para deleite de nuestra mirada, evitando cualquier tipo de implicación que rompa su cómoda contemplación. Este tipo de imágenes no nos cuestionan como espectadores y espectadoras, sino todo lo contrario. Favorecen la recepción pasiva mediante una frenética estimulación del placer de mirar en la sucesión acelerada de las imágenes, como fàcilmente podemos constatar al comprobar que la duración media de los planos en el cine de acción contemporáneo es de dos a cuatro segundos frente a la duración de seis a ocho segundos en el cine clásico de los años cuarenta.

Este bombardeo indiscrimimado de imágenes que utiliza el cine contemporáneo obedece a la lógica publicitaria que se dirige exclusivamente a la seducción, a provocar un efecto en cuanto tal, sin necesidad de vincularlo a ninguna realidad ni, por supuesto, provocar una mínima reflexión sobre el sentido de lo que vemos. La publicidad extrema el efecto espectacular de la violencia al ofrecernos una bella estilización de su mera presencia, sin ningún tipo de alusión a sus motivos o consecuencias.

En este apartado hemos elegido tres modalidades de anuncios que ejemplifican la utilización de la violencia como objeto de seducción. En cada uno de ellos se publicita un tipo de propuesta, vinculada a distintos medios: los videojuegos y la propia publicidad de dos objetos de consumo.


Ejemplo 1: Nike
Ejemplo 2: Conecta 4
Ejemplo 3 : XBOX (videojuegos)