Hasta ahora, en los análisis realizados
en torno a la representación y significación
de la mujer dentro del espacio doméstico hemos observado
que ella es la protagonista absoluta de tal espacio. Por derivación
es relativamente fácil llegar a considerarla como única
y exclusiva responsable de todas las tareas propias de este
entorno.
En este spot, que juega con el mismo fondo
discursivo de los dos anteriores (Ariel y Avecrem), el nivel
de representación es distinto. El spot sitúa
a un hombre como centro de la acción para vender una
serie de productos Nenuco. En un espacio doméstico
diáfano y moderno, un hombre vestido de sport y de
aspecto dinámico se ocupa del baño diario de
su hijo. Todo va bien cuando lo baña con jabón
Nenuco, cuando le pone crema hidratante Nenuco, pero cuando
pretende perfumarlo con colonia Nenuco se encuentra con el
envase vacío y el niño empieza a llorar e incluso
se podría decir que expresa su opinión, pues
en un spot donde apenas hay voz en off se percibe claramente
como el niño dice no.
Por fortuna, y siempre a tiempo, llega la mujer, la madre,
con un envase de recambio de colonia Nenuco. Cuado ella aparece,
la expresión de los otros dos protagonistas cambia
radicalmente. Al ver a su mujer, el padre, que desesperado,
había buscado torpemente una botella de recambio, sólo
consigue articular una mueca de desconcierto y culpabilidad
por no haberla visto. El hijo cesa de llorar y sonríe
ante la aparición de su mamá.
Como ya apuntábamos anteriormente,
en la puesta en escena del spot observamos que la figura de
la mujer no ocupa el espacio central de la representación.
Pero lo que sí hemos visto es la representación
de un padre en apuros ante una tarea doméstica que
tradicionalmente ha sido gestionada por las mujeres. Por tanto,
aunque el spot nos proponga una lectura aparentemente normalizada
de la intervención del hombre en unos espacios que
hasta ahora eran exclusivos de la mujer, en realidad no hace
más que jugar con una impostura en cuanto a la representación,
pues la mujer es quien soluciona el problema.
Aquí es donde se impone analizar
el spot en un plano más discursivo. El hecho de que
sea la madre quien prevé que la colonia de su hijo
pueda terminarse y que sólo ella sea capaz de poner
fin al contratiempo que padre e hijo sufren, no hace más
que naturalizar el hecho de que el espacio doméstico
sea propio de las mujeres (y no de los hombres), tal como
se ha venido imponiendo históricamente en la sociedad
patriarcal. El spot actúa en este plano como recordatorio
de que las mujeres son las únicas capaces de anticiparse
a los posibles problemas domésticos que puedan suceder,
que sólo ellas son las gestoras perfectas del hogar
y las que cuentan con la aprobación incondicional de
aquellos a quienes están destinadas a cuidar.
Evidentemente, el subrayado continuo que
hemos visto en los otros dos anuncios configura una escena
de contraprogramación respecto a los avances conseguidos
por las mujeres, de cara no sólo a resolver de forma
distinta la gestión del cuidado de los demás
y en general de todo el campo de la gestión doméstica,
sino a pensarla de forma distinta.
Estos tres anuncios plantean situaciones
que hacen referencia a unos modos sexistas de concebir de
facto la gestión doméstica, pero también
inciden en la propuesta imaginaria desde la que se presenta
dicha gestión como competencia exclusiva de las mujeres,
eludiendo la presencia activa de personajes masculinos y parodiando
su participación.