:: Inicio > Recursos didácticos > Ampas > El cuerpo > Ejemplo 1: Ligeresa

“—¿Sabes? Pablo dice que tengo el pecho pequeño. Y que tengo demasiada tripa. Y el trasero... Pues yo creo que estoy estupenda.
—¿Pablo? ¿Y quién diablos es Pablo?”
Ésta es la transcripción del diálogo que mantienen las protagonistas del spot de Ligeresa Light, dos chicas jóvenes que están almorzando en una terraza. El anuncio concluye con una voz femenina en off que añade en tono admirativo: “Ligeresa, me encanta cómo eres”.

Mientras ambas charlan vemos que la chica que mantiene una relación con Pablo —personaje que nunca aparece representado en el spot— se mira en un espejo. Cada vez que ella nombra una parte de su cuerpo, la cámara nos ofrece un primer plano de la misma: el pecho, la tripa. Cuando ella expresa sus dudas sobre su trasero, el plano cambia de forma que aparece reflejada en el espejo la figura completa; así la cámara nos traslada la imagen frontal y simultáneamente vemos a la chica de espaldas. Finalmente, tras superar sus dudas sobre su cuerpo, a las que acompaña con un gesto de desagrado y preocupación, la chica vence el rechazo del omnisciente Pablo y dice que se encuentra estupenda, opinión corroborada por su amiga.

Una vez más se repite el discurso endocéntrico de la publicidad: para vender un producto bajo en calorías se utilizan estrategias persuasivas focalizadas en necesidades que sólo sufre una parte de la población, la femenina.

El cuerpo de la mujer es contemplado como un problema, como un espacio que, siempre bajo la mirada masculina (recordemos al Pablo omnisciente), debe ser corregido. Lo fundamental ya no es que la protagonista logre hacer frente a la opinión de su pareja, Pablo (único personaje que tiene nombre), sino que la opinión que le merece su propio cuerpo deba ser regulada a través de las declaraciones de su compañero (mirada elíptica). Por tanto, el cánon de belleza es un cánon impuesto. La idea de belleza o de lo que significa tener un cuerpo estupendo pasa por un filtro, más o menos sutil, que la propia mujer no ha elegido, sino que le viene impuesto por un juego de convenciones y perspectivas que la han hecho sentirse frágil, la han hecho dudar de su propio cuerpo y de su idea de la belleza, y finalmente la han vencido. ¿Cómo? Instándola a consumir un producto light que le permitirá (sin duda) conservar la línea, corregir o eliminar esas grasas que resultan tan poco atractivas y gustarse a ella y a los demás; he aquí el objetivo de certificación positiva que parece ofrecer la publicidad: gustar a los demás.

La cordialidad con que las dos amigas hablan del problema apoyándose mutuamente nos podría hacer pensar que el hecho de que las mujeres se gusten a sí mismas o no está superado. Sin embargo, la cantidad de spots que a lo largo del tiempo hemos ido acumulando en nuestro imaginario colectivo nos permite constatar que los anzuelos con que los productos light —bajos en calorias, es decir, supuestamente sanos y energéticos— tratan de seducir a las mujeres (desde las chicas jóvenes a las mujeres mayores), atrayendo su mirada y su deseo hacia esos cánones forzados de belleza —que lo son porque en ellos se insiste como condición para el reconocimiento social—, proponen un arquetipo imposible.


Descargar los videosDescargar los videos Ayuda (como ver los videos, ller ficheros PDF, descomprimir ficheros...Ayuda (como ver los videos, leer ficheros PDF...)